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Culpa vs. Responsabilidad

En el lenguaje común es habitual utilizar “culpa” y “responsabilidad” indistintamente, como sinónimos. Son parecidos en tanto ambos conceptos pueden referirse a la acción/no-acción que alguien hace y a las consecuencias correspondientes y, sin embargo, son opuestos entre sí.

¿Qué es la culpa? La culpa es una emoción íntimamente ligada al pecado -seamos personas religiosas o no, ya que pertenece a nuestro inconsciente colectivo- y se asocia a que algo está “mal”. Cuando es la propia persona la que se siente culpable de algo, tiene la sensación de tener que pagar por sus acciones, puede distorsionar los eventos ocurridos y los futuros, y estancarse en un sentimiento bloqueador y una autoimagen devaluada. Cuando es a otra persona a la que se culpa, se la señala, se la etiqueta y a menudo se le hace pagar un precio por lo hecho; no es extraño que la persona que culpa (la víctima) se sienta con cierto nivel de superioridad moral y se desligue de toda responsabilidad propia en la situación. Esto conlleva, no pocas veces, que a la persona que se culpa se la termine haciendo cargar con cosas que no le corresponden.

Por el contrario ¿qué es la responsabilidad? La responsabilidad se enfoca también en la actuación de la persona que ha hecho algo, pero desde una perspectiva más proactiva. La persona responsable, más que “pagar un precio” asume que hay que reparar un daño, pero se comprende que hay una parte del daño causado que le pertenece a uno y que hay otra parte del daño que puede pertenecerle a quien se siente dañado (que podemos ser nosotros), e incluso a terceras personas. Este enfoque nos permite revisar nuestras acciones, motivaciones y reacciones, conocernos mejor, rectificar a futuro nuestra conducta, poner límites y respetar los ajenos… en definitiva, hacernos dueños de nosotros mismos.

¿Por qué es importante distinguirlos? Porque hay uno que bloquea y otro que empodera. La “culpa” no aporta nada positivo, solamente juzga a una parte y victimiza a la otra.

El mero hecho de eliminar de nuestro vocabulario esta palabra puede aportarnos infinitos beneficios. Por citar algunos, nos coloca en una posición mucho más amable con nosotros mismos y con los demás, contribuye al autoconocimiento, a la autoestima, al respeto por nosotros mismos y por los demás; nos hace tomar las riendas de nuestras vidas, de nuestras decisiones (sean por acción o por omisión), así como prestar atención a la manera en la que vamos transitando por nuestra vida y por nuestro mundo interno.

¿Ves las diferencias? ¿Habías reflexionado anteriormente sobre ello? ¿Te reconoces en el uso de “culpa” o sueles utilizar más la palabra “responsabilidad”? Te invito a pensar sobre ello y comentarlo. ¡Gracias!

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