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La importancia de contar

“No quiero hablar de eso”, “mejor no digas nada”, “de esas cosas no se habla”, “eso no se dice”, “eso no se pregunta”, “no quiero que me pregunten”, “no voy a hablar contigo de eso”… ¿Te suenan estas frases?

El silencio, el tabú, los secretos forman, en mayor o menor medida, parte de nuestra vida y de nuestra historia familiar. Son maneras de manejar la información y las emociones asociadas a una experiencia que condicionan la calidad de nuestra comunicación, y afectan a la calidad de las relaciones que establecemos tanto con los demás como nosotros mismos.

Preferir callar algo en un contexto determinado, ser discreto sobre asuntos que implican a terceros, o no hablar de algún asunto que nos resulta delicado puede ser una manera de sentirnos seguros, y eso está bien.

El problema llega cuando ese silencio empieza a doler de diferentes maneras:

– el callar se convierte en un secreto que se alarga en el tiempo y pesa.

– callamos sobre algo por no comprometer a otra persona, pese a que ese silencio nos haga daño.

– mantenemos un secreto por lealtad, perdiendo la libertad de contar y desahogarnos.

– hay temas que nos duelen y que no abordamos con otro por no violentarle o hacerle sentir mal.

Quizás te suene la frase “el cuerpo grita lo que la boca calla”. Significa que estas situaciones, lejos de solucionarse manteniendo el silencio, suelen enquistarse hasta el punto de, en los casos más extremos, somatizar síntomas o desarrollar enfermedades.

Por el contrario, hablar las cosas, aunque en algunos contextos o momentos iniciales pueda darnos cierto apuro o vergüenza, resulta muy liberador, además de permitirnos descubrir, casi siempre, que ese secreto no era un asunto tan relevante, ni tan exclusivo, sino algo que seguramente comprobarás que le sucede a más personas.

¿Esto significa que haya que publicar toda nuestra vida privada? En absoluto. Ni tampoco que haya que contárselo a cualquiera, ni en cualquier momento, y mucho menos cuando no nos sintamos preparados. Se trata de buscar conscientemente los espacios, momentos, personas y medios que, haciéndonos sentir seguros, nos permitan liberar la energía que contienen esos secretos y permitirnos, con creatividad y apoyo, nuevas comprensiones sobre los sucesos, así como soluciones que hasta el momento no habíamos valorado.

Además, hablar y contar nos permite avanzar en los procesos de autoconocimiento y autoaceptación, mejorando la confianza en nosotros mismos y nuestra autoestima, al comprobar que no somos juzgados, ni tan diferentes del resto. Al darnos a conocer también nos abrimos a conocer más y mejor a los demás, y éste es el primer paso para tener una comunicación sana y consciente, y construir relaciones basadas en la confianza y la libertad.

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